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Por: Oscar Pla.

 

Aquel primer año fue el más duro de todos los demás, en realidad el solo, pareció más largo que los otros, más de 15 juntos. Nunca me había separado de mis padres, tenía 15 años, era tímido e introvertido. Me sonrojaba al oír una mala palabra (mis compañeros se divertían con eso), quería ser sacerdote…

 

En febrero de 1962, si mal no recuerdo fue el dia 5, fuimos llamados a juicio. A mi padre junto con otros 6 le pidieron la pena de muerte. Ese dia vi a mi madre, sentada a mi lado, después de casi cuatro meses de no verla. Después de toda esa verborrea del juicio, declaraciones, etc., el juicio fue suspendido hasta próximo aviso. Conocí a las mujeres que estaban también acusadas en nuestra causa, que era de atentar contra la vida del sanguinario dictador de Cuba. Nos habían dividido en dos grupos: este el grupo llamado de “acción”. Éramos unos 40 y tantos. La mayor entre las mujeres, era mi madre que para ese entonces ya había cumplido sus 42 años en prisión; mi madre no asistió a la segunda vista del juicio, pues de una golpiza, la habían enviado al hospital para tuberculosos, aun presa, a causa de golpes de culata.

 

Dos días antes de nuestro juicio, habían fusilado a Barroso y a Muiño; me había olvidado en mi sección anterior, que ellos dos, así como la mayoría de los que allí estábamos, habíamos luchado contra Batista y continuaron luchando contra Castro que mintió a todo el pueblo.

La visita con la familiares era, por aquella época, cada dos semanas, en el patio de la prisión, con dos cercas de esas que conocíamos como “peerless” o cercas de eslabón metálico tejido, los familiares de un lado y nosotros del otro. Un espacio como de 2 pies entre las cercas. Dejaban entrar 2 mujeres por prisionero, solo de mi familia inmediata estaba mi hermana, la cual, el dia que nos encarcelaron, no estaba en casa y la acompañaba mi tía, la única que aún me queda viva, y quien reside Georgia, nos visitaban a mi padre y a mi.

 

Pasado algún tiempo, otro prisionero, un joven que cayó en prisión con 16 años, me pidió que si yo no tendría inconveniente en que su hermana, de doce años, viniera a visitarlo, pero como novia mía, de ese modo él podría recibir a tres visitantes de su familia. A mi no me importaba realmente y accepté… yo quería ser sacerdote. Historia corta: aquella muchachita de doce años, ha sido mi compañera para el resto de la vida. Ella dice que “Salvó a la Iglesia”.

 

A finales de abril de 1962 o primeros días de mayo, llegó un grupo de menores de edad que habían estado en La Cabaña anteriormente y llevados para ser rehabilitados a la sociedad comunista en un sitio llamado Vivac de Marianao. No solo no pudieron ser rehabilitados, sino que además fueron sorprendidos excavando una pared para hacer una fuga masiva de aquel lugar. Aquel grupo le dio una dinámica diferente a mi presidio. Deje de ser uno de los pocos menores que estábamos allí, para ser uno más entre un grupo de jóvenes quienes habían caído en prisión antes que yo, aunque no más jóvenes, hasta ese entonces.

 

Muy a destiempo para ellos, el gobierno había al parecer, programado una “rehabilitación” masiva en las prisiones de Cuba y La Cabaña no fue una excepción. Pero para desgracia de ellos, allí estaban aquellos menores que ya habían batallado esa “rehabilitación” en el Vivac de Marianao. El 23 de mayo de 1962, fecha que muchos no olvidaremos. La dirección de la prisión había elegido el comedor, para entre almuerzo y comidas, utilizar el espacio como escuelita de rehabilitación. Esa mañana, coincidentemente se estaba construyendo un área de ladrillos y cemento para colocar los bidones de basura de las galeras. El cemento estaba fresco y de pronto, por inspiración de uno de aquellos recién retornados a la prisión, quien aún vive, se convirtieron en proyectiles contra los adoctrinadores del gobierno y comenzó una jornada épica, de golpes, sangre, brazos y piernas partidas, heridos en cantidades “industriales”, pero con el sabor agradable de terminar en unos minutos, no más de 30, todo aquel engranaje de rehabilitación, planeado por el gobierno. Esa fecha permanecerá por siempre en la historia de la prisión política de La Cabaña.

 

Recuerdo que en ese mes de mayo de 1962, alguien me prestó un maquinita y me afeitar por primera vez en mi vida. Ese hermano, ya desaparecido aquí en EEUU, me sorprendió, el dia que me dieron libertad por primera vez, pues hubo una segunda, devolviendome la cuchilla para que la llevara a mi casa, cinco años después…

 

Aquel año transcurrió muy lentamente, Cuando venía la visita,nos quedaba esa ansiedad de ver de nuevo alguien del exterior con noticias de cualquier cosa. Allí alguien había creado una radio oculta primitiva que a veces recogía noticias del exterior.

 

Llegó octubre, nuestro primer aniversario y como para celebrarlo, vimos los aviones de guerra de Estados Unidos volando encima de nosotros y algunos deseábamos que nos bombardearan para, al menos, librarnos de toda aquella barbarie que vivíamos. A menudo nos despertaban de madrugada para requisar las galeras

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