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Por: Oscar Pla

 

Continuación de Segunda Parte: Edición de febrero

 

Era la llamada “Crisis de los Misiles”, para Estados Unidos o “Crisis de Octubre” para Cuba. En la prisión de Isla de Pinos, ya mencionada anteriormente, fueron dinamitadas las 4 prisiones circulares. Las cuales tenían más de mil prisioneros cada una… por si Cuba era atacada, para eliminar físicamente a todos aquellos hombres.

 

Cosa común era nos despertaban de madrugada para requisar las galeras; lo botaban todo lo poco que les permitían traer a nuestra familia, nos cortaban las almohadas con las bayonetas, cualquier cosa imaginable por tratar de encontrar algo escondido… Pero aquella “Crisis de Octubre”, fue más que crisis para nosotros. Fueron 40 días, comiendo un trozo de plátano verde cocido, duro y frío, de no más de pulgada y media de largo, que recogíamos con la palma de nuestra mano y llevábamos a la boca, como almuerzo y una cucharada de lo que se les ocurriera, por la tarde, como cena.  Llegábamos a las galeras y nos acostamos de inmediato, para no perder energías.

 

Sin embargo un grupo de nosotros sacamos fuerzas y construimos 2020 rosarios, que logramos sacar al exterior de la prisión para regalar a cambio de que se rezara diariamente por la libertad de Cuba. 10 de esos rosarios llegaron, supuestamente, al Vaticano.

 

Terminada la “Crisis” les permitieron a nuestros familiares traer comida cocida de la casa y la cantidad que desearan. Mi familia, no podía traer mucho. Era mi hermana sola y tres prisioneros.  Pero allí lo compartimos todo.

 

Resultado de aquello, todos tuvimos una increíble diarrea. Imagínensela con solamente 2 servicios sanitarios, de esos llamados turcos.

 

Parte: 3

 

Llegamos a La Cabaña un poco pasadas las 9 de la noche, no teníamos reloj pero a las 9 PM había que apagar las cuatro bombillas que había en las galeras. Me dieron una cama abajo y me prepare para acostarse, La persona que estaba encima de mí, sacó su cabeza por el costado y en baja voz me preguntó: “¿Qué edad tienes?”, Quince, le respondí. Me dio una almohada y me dijo: “Tengo dos, ahora, descansa”. El que me dio la almohada era un comandante de la revolución, Ideólogo Martiano, desembarco en el barco Granma, el jefe de la galera era un policía de la República derrocada por la revolución. Convivimos juntos sin ningún problema, el enemigo estaba más allá de los barrotes.  Me contaban que al inicio había habido peleas entre los ex-revolucionarios que habían caído presos y los ex-militares de la república derrotada; yo no viví eso.

 

¿Dormí?... no recuerdo… Las paredes de la galera eran curvas hacia el techo donde hacían un arco y regresaban formando la otra pared en su caída. Eran porosas y de la multitud de huecos salían de noche, miles de chinches (bedbugs) para alimentarse de nosotros.  La galera medía un aproximado de 50 por 6 metros, y tenía dos claraboyas o aperturas cuadradas en el techo que servían de respiradero al mismo tiempo de vigilancia desde el techo hacia adentro por la guarnición.

 

Las camas eran literas que se iban montando unas encima de otras, hasta a veces, llegar a 5, estas eran con bastidores de alambre, eran de las usadas por los militares, estas eran extremadamente viejas. Tenían encima una colchoneta delgada. . Había también otras de tubos redondos con la cama de lona, que se estiraba con soga por debajo; una de estas fue en la que dormí aquella y otras noches, hasta que pase a una de bastidores meses después; esta era más cómoda, pero en invierno, el frío entraba a través de la lona.  Alguien, que nunca supe quien fue, pasó y me tiró algo para cubrirme. Como dije, nunca supe quien el buen samaritano, eso era así…

 

La Cabaña fue mi “casa” por los próximos 5 años y días; a pesar de ser prisión de mayores, nunca me sacaron de allí hasta cumplir mi condena. Después supe que me consideraban peligroso, yo nunca me consideré así… Hubo algo en este presidio que nunca olvidaré: CONOCÍ LO MEJOR DE MI PAÍS, desde campesinos, estudiantes, obreros, militares, rebeldes, profesionales, extranjeros y hasta un embajador que representó a Cuba por 20 años en Francia y Bélgica.  No quiero mencionar a nadie, son muchos y ya a los 73, me dolería no hacerlo con alguno de aquellos HERMANOS MÍOS.

 

La Cabaña contaba con la galeras 7 hasta la 17, siendo la 15 el comedor, la cocina y un “botiquín”, que servía de enfermería.  Años después supimos, al castigarnos para allá, que existían otras galeras bajo tierra, la 3, 4, 5 y 6. Cada galera contaba con dos letrinas “turcas”; había que agacharse para usarlas, cubiertas por una cortina de saco de yute. El urinario era una canal larga de concreto que, a veces, tenía agua corriente.

La población calculada para habitar esas galeras era de alrededor de 50 seres humanos Cuando la prisión se iba llenando, muchos dormíamos en el piso o en hamacas de saco que se inventaban, y se ponían entre las torres de camas y hacían el espacio de la cama aún más angosto, los más jóvenes, le dejábamos las camas a los más viejos. Llegamos a vivir en cada galera, más de 300 seres humanos.

 

La comida era pésima, algunas anécdotas puedo recordar: en una ocasión, comiendo el berro, era el almuerzo (watercress), vi que algo se movía… busqué con mis dedos y pude sacar una babosa con su caracol y todo, la puse a caminar frente a mi plato, encontré también ese día en esa misma “delicia” un clavo de zapato y continué comiendo mi “almuerzo”. Años después, ya en libertad, supe que los huevos del caracol, causan la hepatitis “A”, que tuve en el año de 1967.  Otro día vimos a un “recién llegado” llorando cuando se sentó y probó el caldo que le habían servido; alguien le pidió que se acostumbrara pues eso iba a ser a diario por largo tiempo; el hombre contestó, “No, no lloro por eso, dijo, lloro porque yo fui quien compró eso que comemos como alimento para ganado, en Ucrania”.

 

La Cabaña fue mi “casa” por los próximos 5 años y días; a pesar de ser prisión de mayores, nunca me sacaron de allí hasta cumplir mi condena. Después supe que me consideraban peligroso, yo nunca me consideré así… Allí estuvo mi padre hasta que fue trasladado para la Isla de Pinos, que era el lugar para cumplir las condenas, casi siempre más largas.  Allí murieron varios prisioneros a mano de los asesinos guardianes, fue mucho más peligrosa a causa de los guardianes, que ninguna otra.

 

Uno de los estilos para contarnos, dos veces al día, era sacándonos galera por galera, entre dos columnas de guardianes quienes, mientras el principal oficial, contaba, los guardias nos iban golpeando con las culatas de los fusiles, cadenas, bayonetas para que nos apresuráramos ¡Dos veces al día! En una ocasión, estaba diluviando y el patio estaba inundado de aguas albañales que salían de los desagües mezclados con la lluvia. Ese día no nos pegaron, pero se “equivocaron, contando” en tres ocasiones. Los guardias llevaban gruesas capas de agua, nosotros nos empapábamos en exceso, finalmente en la galera 7, donde yo estaba, un luchador contra todas las presiones desde el gobierno del Pres, Machado de 84 años, del pueblo de Guanabacoa, salió desnudo, con una toalla al cuello y jabón y se comenzó a bañar bajo la lluvia delante de los guardias. Ahi SI les resultó el control.

 

En diciembre de 1962, nos castigaron a dos prisioneros y nos enviaron a la “capilla” por no limpiar el patio, considerábamos que eso era trabajo para presos comunes y nosotros no lo éramos… al día siguiente fueron 9 los castigados y ya apenas cabíamos en la celdas, el próximo, toda la galera 9 se negó a limpiar, y se terminó el castigo. Las capillas eran 4 celdas oscuras y mugrosas, húmedas y con colección de ratones, cucarachas y arañas que se repartían el espacio. Tenía un hueco, que servía de sanitario y nada más. Hubo ocasiones en que los prisioneros castigados tenían que turnarse para acostarse, mientras otros permanecían de pie, pues no se cabía…

 

La “capilla” era usada como celda de castigo y también allí se encerraban los que iban a fusilar, antes de asesinarlos.  Recuerdo a Antonio Chao Flores, el “Americanito”, capitán del ejército rebelde, quien se rebeló contra Castro por su traición. Fue herido en una pierna y en lugar de curarlo, se la cortaron, cuentan testigos presenciales que al sacarlo de la capilla, tenía muletas, lo llevaron a la escalera que conducía a los fosos, donde ejecutaban, y ya en la escalera, le patearon la muleta y cayó rodando, sangrante y adolorido se puso de pie y lo llevaron al lugar del crimen.  Allí se agarró sus partes masculinas sobre su ropa y les gritó: “Tiren aquí cobardes” e inmediatamente el grito de TODOS: “¡VIVA CRISTO REY, ABAJO EL COMUNISMO”.  Muchos son los recuerdos de ese grito que salía no de la garganta, sino del corazón de esos hombres y a continuación la descarga de los fusiles.  No puedo olvidar a un muchacho de 17 años que trató de sacarse los intestinos abriéndose el estómago. Razón: la noche anterior habían fusilado a su padre y sus dos hermanos. O de aquellos 2 hombres que después del juicio, nos despidieron a todos los que los vimos pasar hacia la capilla, alzando su puño derecho cerrado en el que llevaban su comunión; Octavio Barroso y José A. Muños, aquella noche lloré, ya tenía 16 años.

 

Parte 4 cont. en april.

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